El Nevado de Chañi
Una experiencia entre el cielo y las montañas de Jujuy
Diario de viaje e
información útil (mayo 2023)
La
expedición completa se desarrolló en seis días. Hicimos la aproximación desde
El Moreno, un pequeño pueblo jujeño con algunos servicios y algo de conexión a
internet. Es posible acercarse en camioneta hasta los 4800 metros de altura. Sin embargo, si el
transporte no es óptimo, es mejor dejarlo en uno de los campamentos, Casa
Mocha, a 4300 metros y desde ahí, terminar a pie la aproximación y el
ascenso.
Es
necesario aclarar que el recorrido lo hice con una prestadora de servicios,
Argentina Extrema, pero siempre es un aprendizaje para comenzar a hacer nuevos
caminos de manera independiente.
Día 1
Viajamos
desde Salta en un transfer hasta la hermosa ciudad de Purmamarca. Desde allí,
continuamos el trayecto en camionetas 4x4. El recorrido continuó por la Cuesta
de Lipán y nos acercamos a las Salinas Grandes con el Nevado de Chañi mostrando
su presencia. El salar es una referencia importante no solo porque, en los
inicios, se observa el desvío hacia El Moreno sino también porque durante las
caminatas en la Puna ofrece una referencia insoslayable hacia el Oeste del
Chañi.
Una
vez que observamos las Salinas, nos desviamos de la Ruta y tomar un camino de ripio
hasta el Refugio Canchaioc a 3687 metros de altura. El espacio es cuidado por
Gabino que tiene su casa a unos metros del lugar.
Refugio Canchaioc
Día 2
Para
aclimatar, hicimos un recorrido junto a Gabino y a los guías, alrededor de las
poblaciones y de los cerros cercanos. Subimos al San José que nombra el paraje
cercano y conocimos las edificaciones aledañas. Durante la tarde descansamos en
el refugio, aprovechamos para conocernos mejor y hacer unos ejercicios de
estiramiento.
Día 3
Continuamos
con la aproximación hasta Casa Mocha, el “Pórtico del Nevado de Chañi”, a 4200
metros. La caminata es larga pero sin mucho peso ya que la camioneta porteaba
gran parte del equipo.
Allí
nos alojamos en el refugio Flor de Pupusa gestionado también por Gabino y su
familia. La altura se empezaba a sentir. Uno de nuestros compañeros comenzó a
sentirse muy mal y, durante la tarde, una joven que bajaba de la cumbre,
necesitó asistencia. El miedo comenzaba a incomodar.
Casa Mocha
Día 4
El
día jueves fue utilizado para portear equipo y comida hasta el último de los
refugios. Jefatura de los Diablos se encuentra a 4960 metros de altura. Es una
pequeña edificación con espacio para que duerman unas 5 personas y cuenta con cocina.
Al llegar, el frío y el viento nos indicaban que ya estábamos en la alta
montaña. Armamos las carpas, organizamos el campamento y fuimos en búsqueda de
agua. El arroyo se encuentra a unos 20 minutos del lugar.
Jefatura de los Diablos
Finalmente,
regresamos a Casa Mocha para hacer una práctica de uso de grampones y descansar.
Dos de nuestros compañeros decidieron volver a Salta.
Día 5
La
jornada comenzó con la caminata hasta Jefatura de los Diablos. Esta vez, la
camioneta de apoyo no nos acompañaba así que todo el equipo lo llevamos con
nosotros. Llegamos para el almuerzo que se juntaría con la merienda y la cena
ya que el día siguiente era el designado para intentar la cumbre. El cielo
completamente nublado aparecía en algunas charlas tímidas. Los nervios
comenzaban a aparecer.
Día 6
El día comenzó a las 2 am. Debido a las condiciones climáticas, el desayuno lo tomamos en las carpas mientras nos preparábamos para el gran ascenso. Partimos catorce personas junto a cuatro guías. El viento era muy intenso y no facilitaba la caminata. El sendero en zigzag hasta el Abra de Chañi está bien señalizado con monolitos y apachetas a lo largo del camino. Luego, se presenta un largo acarreo hasta el filo. Allí había nieve y hielo pero pudimos seguir el camino sin grampones.
Día 7
Por
la mañana, las camionetas nos vinieron a buscar. Nos despedimos de la montaña y
nos fuimos a Salta.
Las
montañas del norte tienen una energía particular. Quizás es porque muchas de
esas cumbres fueron, efectivamente, adoratorios de altura. Allí se practicaron
rituales y esa energía aún sigue vigente. Se siente.
Las
culturas preincaicas veían a las montañas como la materialización de sus dioses
y es por eso que las ascendían. Además, hay leyendas que cuentan que, desde la
cumbre del Chañi, los dioses tiraban piedras para impedir su acceso. Sin
embargo, los Incas, para demostrar su poderío, ascendieron a las montañas
prohibidas e instalaron adoratorios en sus cumbres. Allí realizaron todo tipo
de ofrendas como la de los niños del Llullaillaco.
La
cima de la montaña significa el fin del espacio terrenal y el punto de contacto
con el mundo celestial. Desde la cumbre, la comunicación con los dioses del
cielo es materialmente posible. Un mes después de mi llegada a Buenos Aires
pienso en el Chañi para proyectar otras cumbres. Pienso en la energía que logró
perpetuar en mí y la unión que se estableció. Sé que ya no es posible que ese
lazo se rompa.




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